El postgrado: másteres oficiales

Las modificaciones en la estructura de los estudios universitarios originadas en el proceso de Bolonia supusieron un cambio en profundidad de las carreras universitarias de grado.

Seguramente, el cambio de perspectiva más radical que generó este proceso se dio en los estudios de postgrado y, más concretamente, en los másteres oficiales.

Una nueva titulación que debía responder a una serie de importantes retos académicos, profesionales y formativos. La Universidad Complutense de Madrid ha venido desarrollando y ofertando desde entonces una amplia selección de estudios de postgrado que, para el curso 2019-20 se cristalizarán en más de 170 másteres oficiales en todos los campos de conocimiento, en consonancia con la rica diversidad de la institución.

Sin embargo, el segmento de los másteres oficiales se enfrenta a problemas importantes a los que la UCM no es ajena. La oferta es muy dispersa y seguramente extensa, mientras que la demanda de estos títulos no termina de despegar. Probablemente en algunos casos se trasladó, en su día, la idea del máster como sustituto del quinto curso de licenciatura, como un año más de formación y conocimiento. Pero esto no ha funcionado. Los estudiantes buscan algo distinto. Ahora mismo el número de estudiantes de nuevo ingreso en máster es aproximadamente del 50% del número de egresados y, teniendo en cuenta que un número significativo de ellos proceden del extranjero, podemos decir que solo alrededor del 30% de los estudiantes españoles deciden hacer un máster, aunque esta cifra va subiendo lentamente y en nuestro programa llevamos el objetivo de lograr que la proporción global de estudiantes de posgrado (máster y doctorado) sea de al menos el 25% del total de la población estudiantil.

Tenemos que revisar nuestra oferta para que responda a las necesidades de la sociedad del conocimiento y de la técnica. Ofrecer másteres cercanos a esta realidad y cada vez más atractivos a los estudiantes, que le ofrezcan un valor añadido, ya sea a la hora de acceder al mercado laboral o de acceder al doctorado si opta por aquellos dirigidos a la investigación.  Y hay que actuar, también, imperiosamente, sobre los precios, para que los másteres, al menos en su gran mayoría, se igualen a los grados. Por último debemos actuar ofreciendo incentivos para que los mejores docentes, los más activos en las competencias que ofrezca el máster, participen en la docencia del mismo.

Necesitamos poner en marcha un proceso de mejora que fidelice a los estudiantes complutenses de grado para continuar sus estudios de máster y simultáneamente atraiga a los de fuera, especialmente del extranjero. Una formación de máster que engarce con la Escuela de Doctorado, con la Formación Permanente de la UCM y con el mundo profesional de cara a la empleabilidad de los estudiantes. Todo ello dentro de una nueva visión de universidad circular, en donde la formación de las personas después del grado está llamada a enriquecerse y revisarse de forma periódica.

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